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Las consentidas de Caracas

Actualizado: 8 de jun de 2020






Para realizar un artículo sobre estas bellezas y su interacción con los habitantes de Caracas, y sobre todo para quienes no hemos sido testigos presenciales de ello, estábamos obligados a recurrir a los cientos, sino miles de artículos, comentarios, análisis, opiniones y entrevistas que sobre este inusual hecho han realizado innumerables medios de comunicación tanto internacionales, como nacionales, agencias de noticias, las redes sociales, y hasta las historias de amigos y familiares que nos lo han relatado.

Por tal razón quisimos primero que nada reconocer que hemos basado toda la

investigación para realizarlo en ellos, pero decidimos basarnos finalmente en las historias y comentarios de nuestro amigo Gonzalo “Chile” Veloz, y las de los miembros de su grupo de Facebook “Guacamayas Caraqueñasdesde donde hemos tomado también, las fotografías con las cuales ilustramos este reportaje.

Cuenta una leyenda urbana, que por allá, en la década de 1970, un inmigrante italiano alcanzó la fama tras ser perseguido, sin razón aparente, por un veloz guacamayo cada vez que conducía su moto por la ciudad, era un señor de origen italiano, de nombre Vittorio Poggi, quien, por los lados de Bello Monte, recibió en la ventana de su apartamento a un guacamayo, al que bautizo “Pancho”.


Este venía todos los días a la ventana y después de un tiempo, el guacamayo comenzó a

seguir al señor Poggi, cuando este conducía su moto. Luego, Poggi comenzó a cuidar en libertad a un par de guacamayas y reza la leyenda, que así fue el comienzo de toda la población de Guacamayas que hoy habitan en Caracas. 50 años más tarde, cientos, de descendientes de esas primeras aves colorean los cielos de Caracas, dándole a sus cinco millones de residentes un instante de tranquilidad en la caótica capital de la tierra venezolana.


¿Pero cómo llegó ese primer guacamayo a Caracas?... Según los expertos, la presencia

de estas aves en la ciudad puede haber sido producto del tráfico ilegal de especies silvestres., o simplemente, que fueron introducidas sin ninguna intención o propósito específico, y que hasta pudieron escapar de su cautiverio en viviendas o zoológicos, pero en todo caso, Caracas no era su hábitat natural.

Hoy en día, miles de personas las reciben en las ventanas o terrazas de sus apartamentos, les hablan, les dan de comer, les ponen nombres, les toman fotos las consienten, las hacen propias, y estas a su vez, pareciera que hicieran propias a las personas.


A medida que Caracas va despertando al amanecer o se pinta de naranja al atardecer, bandadas de guacamayas vuelan por sus cielos musicalizando con el sonido de sus gargantas, el espacio de la capital venezolana.


El eco de sus gritos, que son llamados para despertarse o recogerse al final del día reverbera en los edificios, logrando que el caraqueño olvide el caos citadino por un momento, y se regale a sí mismo una sonrisa luego de seguramente decirse en voz baja

“Llegaron las Gritonas”, que es otro de los nombres con los que les han bautizado los caraqueños.


Pero detrás de lo hermoso y mágico de esta interacción, se esconden una cantidad de mitos, algunos de ellos relacionados con lo que están comiendo las guacamayas de mano de los vecinos que las reciben en sus balcones, ventanas, patios y techos.

Ciertamente en sus hábitat naturales estas aves, de la familia de los psitácidos, que es también la de los loros, pericos, cotorras y periquitos, son dados a comer semillas y frutos propios del mismo pero, como las guacamayas no son autóctonas de Caracas y no pueden llegar volando desde sus hábitats, el grupo está aislado… Caracas es como una isla para estas guacamayas, de manera que han ido modificando y adaptándose a lo que el espacio les ha ido brindando, incluyendo la intervención de la mano humana, al igual que ha ido ocurriendo con la llamada hibridación de la especie.


La hibridación ocurre naturalmente y es parte del proceso de evolución. Pero los “procesos naturales” son cada vez más difíciles de discernir porque hay esa intervención humana en todos los ecosistemas del planeta y eso también está ocurriendo con nuestras amigas en el valle de Caracas y sus zonas aledañas.



Solo se pueden reproducir entre las que están. Muchas de ellas son familia, esto significa que cada vez hay menos diversidad genética, y menos diversidad hace, que los organismos sean más vulnerables a enfermedades y menos resilientes a los cambios, porque tienen menos capacidad de adaptación. La endogamia también genera problemas reproductivos y defectos congénitos.


Un día apareció en una foto en un grupo de Facebook una guacamaya con el pecho blanco y el lomo azul, y que contrastaba con las rojas o las azules y amarillas que dominaban el cielo de la ciudad, comentaban que era un ángel o un milagro de la naturaleza, quizás una especie nueva o albina., pero una bióloga que vio aquella fotografía entendió que algo andaba mal, entendió, que “Blanquita” como le habían bautizado, era probablemente una mutación genética, muy rara en la vida silvestre, las guacamayas blancas eran evidencia de endogamia: se estaban reproduciendo entre familiares.


Además, recientemente han aparecido híbridos. En San Antonio de Los Altos, Vittorio Poggi cuenta que nacen guacamayas rojas con rayas de colores en la cara, también han aparecido híbridos color naranja.

Cuenta Gonzalo “Chile” Veloz, que son los pichones los más aventurados a interactuar con la gente, no temen o son menos recelosos de hacer propios a quienes les brindan afecto y comidas…cuando llegan hasta sus predios, se le suben a la cabeza, a los brazos, comen de los vasos, y han como en el caso de uno de los miembros del grupo de nombre Carlos Raybans hasta generan una especie de lenguaje de entendimiento con la persona para recibir comida o jugar con el…en su caso un pichón que siempre le visita le toca con el pico los labios para exigirle comida o le muerde suavemente los brazos presumiblemente con el mismo fin…es realmente mágico ver los videos que Carlos Raybans monta en el grupo de Facebook “Guacamayas Caraqueñas” interactuando con el guacamayo.



No quisimos terminar este articulo sin hacer referencia a un hecho históricamente cierto y no menos anecdótico, es el que no todas esas bellezas han sido consideradas a lo largo de todos estos años como terapeutas de la ciudad.

En Caracas, existió una guacamaya que llego a ser muy famosa en su momento por haber sido la protagonista de una noticia curiosa y hasta inverosímil, y a la que Oscar Yáñez en su recordado

programa de televisión Así son las cosas” le dedico parte de uno de ellos, y que con su característico humor criollo presento una fotografía con el ave de marras tras las rejas.

Contaba Oscar Yáñez que era una Guacamaya que tenía el Dr. Arturo Uslar Pietri en su casa, y que fue, aunque cueste creerlo, declarada por un grupo de sus vecinos de la urbanización caraqueña de La Florida como “Vecina Non Grata” ya que según ellos y tal cual rezaba en los registros de la denuncia presentada ante la Jefatura de la Parroquia El Recreo, “Por lo escandaloso. insoportable e incontrolable de sus constantes graznidos que alteraban la paz vecinal”.


Las fotografías tomadas del grupo de Facebook pertenecen a Gonzalo “Chile” Veloz, María Gómez, Elida Gámez, Nadia Brillenbourg, y Carlos Raybans.





Betty Zambrano

https://www.venezuelaenhouston.info/


Presentada por Schmidt Fine Art Gallery




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