Buscar

La ortografía va herida de muerte

Por Agni Mogollón



Estudiaba 4to. año de bachillerato en el Liceo Briceño Méndez en El Tigre, en Anzoátegui, de aquellos días, nunca olvide uno en particular porque me marco para siempre. Aquel día, mi profesora de Castellano y Literatura, quien era estricta preceptiva ortográfica, después de hacernos leer en voz alta un párrafo del Cantar del Mío Cid, nos dijo, “Pues bien, aprendieron a leer, perono saben leer.”

Palabras más palabras menos, continuó diciéndonos, no se leen solo las palabras, hay signos ortográficos que obligan a leer diferente un mismo párrafo, porque para eso es que existen esos signos, son los vagones del tren del lenguaje escrito que transita por los rieles de las emociones… Quien no sea capaz de expresar a través de los signos ortográficos las emociones que un autor ha colocado en su texto pues sencillamente no ha aprendido a leer.!!! nos decretó.



En aquel texto del Mío Cid había muchas interrogaciones, ella nos llevó a conocer el signo de apertura de interrogación en su verdadera importancia.

“Un signo de interrogación sirve para representar gráficamente la entonación interrogativa de una frase”, y continúo diciendo que, en el idioma español existe un signo de apertura (¿) y otro de cierre (?), que deben colocarse obligatoriamente al comienzo y al final de la frase, pero es el de apertura quien anuncia la inflexión de la lectura, no el del final.


¿Qué hemos hecho con esa elegante manera de abrirle nuestra duda al texto? No es de culpar a nadie, a menudo hay en estos soportes que ahora utilizamos ciertas restricciones que amenazan con exterminar esta noble raza tipográfica.

Ciento cuarenta caracteres por aquí, deja espacio para un vídeo por allá. Mientras, mi querida profesora, que nos azotaba con historias sobre cómo el Cid había jurado en Santa Gadea gracias al primer castellano, se estará revolviendo allí donde esté viendo cómo el símbolo de apertura de interrogación ya no le importa a nadie.

Probablemente algún lector esté preguntándose quién es este tipo que insiste en la pulcra utilización de las comas y generosa conducta con los puntos. Si pertenecen a este grupo, el texto también va con ustedes. ¿No nos damos cuenta de que ahí afuera se está acabando, por ejemplo, con ese modo de expresar a la vez una pregunta y una exclamación mezclando, como en esta interminable frase, ambos signos!, estamos exterminando los signos ortográficos, y hay algo todavía peor: somos reincidentes. No es la primera vez que nuestra inercia destructiva acaba con estos tesoros.


En el desierto de imagen, vídeo, GIF, streaming y quién sabe cuántas plataformas del mundo cibernético más, este pequeño oasis gráfico amenaza con secarse. Pronto contaremos con un emoticón para cada emoción. Incluso contaremos con un emoticón para bailar sobre la tumba en la que enterramos las comillas, otro para ciscarnos en los corchetes.


Nosotros, los de entonces, no sé si seremos los mismos, pero sí sé que recordaremos a nuestras profesoras de Castellano y Literatura, de nombres que seguramente no todos recordamos, explicándonos la diferencia entre el punto final y el punto y seguido.


Apocalíptico, dirán algunos.


Líneas atrás comentaba que no es la primera vez que ocurre. Que varios signos ortográficos cayeron para dar paso a estos que ahora desfallecen. A continuación, enumeraremos un par que sucumbieron a la moda tipológica del momento. En asuntos de ortografía, pareciera que estamos condenados a perder todas las guerras.


Virgulilla abreviadora


La célebre virgulilla, que aún hoy sirve como sombrero para la españolísima letra «ñ», tuvo en los albores del castellano un uso heredado del latín que poco a poco hemos ido perdiendo: abreviaba una palabra cuando esta no entraba en el renglón. De esta manera, era muy común ver cómo palabras repetitivas e intuitivamente reconocibles se difuminaban. Parece q esta moda d abreviar n es nueva.


Ejemplo: «que» sustituido por «q [con virgulilla]».


Arroba, el origen


Este símbolo, bandera de una generación a un ciberespacio enganchada, sello de todas las direcciones que hoy utilizamos, origen de canciones que habrán de pasar a la historia, fue ya utilizado en la Edad Media para expresar una medida de peso.



El historiador Jorge Romance encontró en un documento de 1448 el famoso signo (@) para dar cuenta de un registro de trigo en la aduana entre Castilla y Aragón. Es el testimonio más antiguo que conocemos del célebre símbolo.

Ejemplo: «Una @ de vino, que es 1/13 de un barril, vale 70 u 80 ducados» (Carta de Francesco Lapiun, 1536).



Desaparecieron o están a punto de hacerlo estos y otros signos, como desaparecerán los que nos enseñó el tiempo desde donde venimos. Quedarán reflejados en nuestra lengua como las cicatrices de una cultura que empezó a ser tal, precisamente, cuando pudo dar testimonio escrito de lo ocurrido.


Detrás vendrán otros. Quién sabe cómo influirá en nuestro acervo la retahíla de caras sonrientes, interrogaciones irónicas o hashtags locos que fluye por nuestro día a día cada vez más asimilada.


Otros nos recordarán como nosotros recordamos a los que en cierta ocasión nos mostraron la apertura de la interrogación. Y las cicatrices, que como dijo Antonio Machado, seguirán iluminando.


Pero para quien escribe, el peor enemigo que tiene nuestra lengua ortográficamente hablando del buen escribir y leer, son los correctores idiomáticos de nuestras modernas computadoras donde todos escribimos, pues quien sabe si hasta de forma intencional, han omitido muchas de las reglas del lenguaje de Cervantes y su ortografía…de ser así, seguramente argumentarán que por razones de ganarle más tiempo al tiempo mismo.



read more at Venezuela en Houston

47 vistas
 
  • LinkedIn

©2020 por VenezuelaenHouston.info