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Una historia de la insólita Venezuela

Actualizado: 8 de jun de 2020

Una historia de la insólita Venezuela

Por Agni Mogollón patrocinado por Schmidt Fine Art Gallery


En el mes de diciembre de 2019, explotaron las redes cuando se conoció el hecho de que la casa natal del Libertador había sido convertida por la autoridad municipal de Caracas en una feria navideña, calificaciones de todos los calibres se profirieron a través de ellas y en contra de los responsables por este hecho vergonzoso y grotesco y con absolutas razones para ello.


Pero a la luz de la verdad histórica, con la casa natal del Libertador ocurrieron en el pasado hechos desconocidos por la casi mayoría de todos nosotros igualmente tan vergonzosos o más que el cometido por la felonía actual, y entre otras razones, porque los testigos presenciales que podían dar fe de aquellos hechos ya han fallecido hace mucho tiempo, y hasta sus relatos familiares se fueron borrando con los años, pero fundamentalmente porque la historia oficial contada desde las escuelas, ha evitado profundizar en ellos y hasta esconderlos de sus páginas, quien sabe si para no tener que hacer un “Mea Culpa” ante la indolencia que se refleja en esa propia historia.


Pero creo necesario para comprender en algo esa conducta, retroceder hasta algunos detalles que podrían explicarla y hasta justificarla, pero sin darla por correcta ni aceptable impunemente.


Venezuela posterior a la guerra de independencia y luego con la federal, resultó en un estado fallido casi feudal donde cada provincia tenía un caudillo con su propio ejército, esto hacía que el territorio venezolano viviera sumido en una guerra civil interminable por el trono de hierro criollo, y donde Caracas era invadida cada cierto tiempo por “hordas” de macheteros comandadas por algún general chopo e’ piedra de la época, es decir, ninguna facción política o militar pudo unificar y poner orden en el país desde 1821 o desde 1830 con la separación de la Gran Colombia hasta la llegada de los andinos en 1899.


En medio de aquellos convulsionados tiempos, es lógico pensar que la cotidianidad de los habitantes de Caracas, no hicieran culto a nada y a nadie de los que alguna vez le fueran importantes más allá de sus necesidades inmediatas.


Así, para finales del tormentoso siglo XIX, y aunque parezca insólito, en la casa natal del

Libertador Simón Bolívar, ubicada entre las esquinas de San Jacinto y Traposos, funcionó en las últimas décadas del siglo XIX un depósito de relojes y joyería de la firma Perrenoud y Beiner, (fotografía cedida gentilmente por mi amigo Humberto Zárraga es prueba de ello).


Tal irrespeto al padre de la patria ocurrió ante la indolencia de las autoridades de aquel entonces, al igual que de la mayoría de los venezolanos.


Aunque de hecho tal irrespeto sin duda alguna fue algo que para nosotros en nuestro tiempo suena imposible de creer, debemos señalar también que por si fuera poco, en 1893 funcionó en esa misma histórica casa, un almacén de mercancías de la firma Juan Nölk, cuyo propietario llegó a señalar en un anuncio: La gran capacidad de esta casa me permite recibir en consignación toda clase de frutos y productos del país de cuya venta en esta plaza a los precios más ventajosos posibles me ocuparé personalmente”.

Esta otra fotografía tomada de una postal de la joyería La Perla en esa época, muestra con un cartel en verde en la fachada de la Casa natal del Libertador la venta de maíz pilao y jabón al que se refiere en el comentario la firma Juan Nölk


Pero tendríamos que preguntarnos ¿Y cómo se llegó a eso? ¿cómo pudo ser posible?


Obligatoriamente para encontrar alguna respuesta que nos de luces sobre el asunto, estamos obligados a retroceder en la historia para así, al menos entender porque los caraqueños habrían sido tan indolentes ante aquellos desmanes con la casa natal de Simón Bolívar.


La familia Bolívar ocupó la casa hasta 1792, año de la muerte de la madre del Libertador, Simón tenía tan solo 9 años.


En 1806 es adquirida por Juan de la Madriz, familiar de los Bolívar por ser el esposo de Teresa Madriz Jerez de Aristeguieta y Bolívar, prima del Libertador,

La casa perteneció a la familia Madriz hasta 1876, año en el cual el entonces presidente de la república Antonio Guzmán Blanco, decidió adquirirla, pero mientras fue dueño de la misma no la convirtió, como era de esperarse, en un museo histórico, ni adelantó alguna gestión para que formara parte del patrimonio nacional; por lo tanto, a su muerte pasó a manos de sus herederos.


Ante tan ilógica situación, en 1912 la Sociedad Patriótica recomendó iniciar una suscripción popular para comprarla a fin de donarla a la nación y la propiedad fue comprada por ciento catorce mil trescientos veinte bolívares, dinero que fuera recaudado a través de una contribución popular y el 28 de octubre de 1912 la donó al estado venezolano.



En la fotografía el estado en el que estaba la casa para entonces.


Posteriormente, durante el segundo mandato constitucional del General Juan Vicente Gómez y conforme lo dispuesto en un decreto del presidente provisional Victorino Márquez Bustillo, el 16 de octubre de 1916 se llevó a cabo un programa de reconstrucción liderado por Vicente Lecuna, con el asesoramiento de los arquitectos Antonio Malaussena y Alejandro Chataing, el historiador Manuel Landaeta Rosales, el biógrafo Manuel Segundo Sánchez y el anticuario Christian Witzkc.


La casa reconstruida fue inaugurada el día 5 de julio de 1921 como parte de los actos conmemorativos del centenario de la Batalla de Carabobo con un discurso a cargo del sacerdote Carlos Borges, siendo abierta al público el día 15 de julio de 1921.


Ante toda esta historia, se hace evidente entonces, que por casi un siglo, los caraqueños, que no tuvieron esa relación afectiva con la casa natal del Libertador, como si lo tuvimos nosotros y nuestros padres, ya convertida como monumento histórico nacional, es de entender en consecuencia, que para la mayoría de aquella población citadina, la casa no era más que una referencia, era tan solo la casa en la que había nacido Bolívar, y ante la ausencia gubernamental de exaltar su valor histórico y de espíritu nacional, no dieran la importancia a aquella construcción hasta la llegada al poder del General Gómez como hemos descrito antes.


Quisiera finalizar este articulo con la reseña de la última vez que el Libertador puso pie en lo que había sido su casa natal tal como lo apuntó el diplomático británico Sir Robert Ker Porter en su diario, dado que fue testigo del magno evento.


En el año 1827, Bolívar arribó el día 10 de enero por última vez en su vida a Caracas, y si bien no se alojó en el antiguo solar familiar por cuanto estos predios eran propiedad de la familia de la Madriz, sino que se quedó hospedado por algunos días en la Quinta Anauco, otrora residencia de Francisco Rodríguez del Toro e Ibarra conocido por la historia venezolana como el Marques del Toro quien emparento con el Libertador (antes de este serlo) por cuanto al casarse con una nieta del II Marqués del Toro, María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza paso a ser parte de esta noble familia, Bolívar estuvo por 6 meses en Caracas pero no hay registros más allá del que reseña a la Quinta Anauco, sobre de en qué otros aposentos se alojó.


De lo que si hay registros, es que el Libertador fue cordialmente invitado por la familia de la Madriz a cenar en su antigua casa natal. En aquella tarde, el Libertador llegó sólo, vestido de civil, y dispuesto a recordar sus años felices de la infancia.


Simón Bolívar fue ubicado para participar del banquete en un sector que era dónde él había

nacido en aquel lejano 1783, situación que lo emocionó profundamente, al punto de improvisar un breve discurso que culminaría con un llanto producido por la rememoración de sus primeros años de vida en compañía de sus padres y hermanos.


Hizo un brindis, presagió años duros para su vida y los intereses de los territorios de América, y antes de marcharse recorrió por última vez en silencio los diferentes rincones de la casa, tal vez viendo escenas y escuchando ruidos y murmullos de antaño, quizá sintiendo olores que le eran familiares y que acaso le hayan transportado inconscientemente a aquellos días en los que conoció una felicidad, una paz y una contención familiar que jamás se repetirían en el futuro. Simón, se despidió de sus anfitriones, se despidió de su primer hogar, de su infancia, atravesó la puerta para posar sus pies fuera de la casa y enfiló con decisión hacia su destino, sin volver a mirar hacia atrás. Jamás volvió a ver la casa, ni a su ciudad natal, ni volvería a ella sino ya cadáver 15 años más tarde.

patrocinado por Schmidt Fine Art Gallery




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